martes, 13 de mayo de 2008

The World Is Mine


No quiero una deshecha primavera, plantada de hastíos y mediocridades. Quiero flores lilas que dejen caer al suelo su ingenuo color de arcoiris y destierro. No quiero una rutina, pero sí una monotonía repleta de guisos y platos por fregar, de despeinados domingos, y de despertador, o de "pónme un café, ya llego tarde".

Quiero, día tras día, amenazar esta engañosa seguridad que nos rodea, y causar un deshielo trepidante en esa escarcha que galopa, estática y sombría. Quiero sembrar ceremoniosos trazos de misterio, quiero poner en jaque las más grandes razones que nos hacen vivir en la trastienda. Y quiero visitar ese planeta que aún subyace debajo de la tapa de aquella caja que guarda mis pequeños y grandes sueños.

Quiero arrinconarte, hasta que sea imposible que ya retrocedas, e invitarte a recoger la mesa después del desayuno. Y quiero la genialidad a toda costa, la agilidad que atrapa el placer último, la copa colmada de estallidos de sincronía pura, la rebuscada respuesta, el desafío sutil, el devaneo jugoso de una mirada cómplice.

sábado, 10 de mayo de 2008

Aire


Cómo te miro, o cómo te miraría horas y horas, desde el autismo más inmóvil, austral y cotidiano, devorando los perfiles, las texturas, los rubores impúdicos de tus atardeceres. Cómo te espero, condenado, o cómo te esperaría, cuidando la fiebre de todas tus fatigas. O cómo te beso, y cómo te besaría, perpetrando el agravio más alevoso que ofenda tus cuatro virtudes, una a una.

Todos, al fin y al cabo, nos enamoramos de un bello ectoplasma, de un impulso que, de pronto, toma forma y se apropia de nuestro mismo hálito, y nos presta gestos y palabras y nos bautiza de nombres ajenos que no existían para nosotros hasta entonces, haciéndonos brindar con un vino excelente, de una cosecha irrepetible y única.

Es el sabor de una vida que pasa, que se desliza sin pretender mas que una música de fondo, tintineante, dulzona y envolvente, como de película antigua con final de beso apasionado.

Lo que se de ti ya me ha contado muchas cosas. El azar nos ha salido a un encuentro que no estaba previsto, es natural, no estás acostumbrado a que te miren, te esperen o te besen. Quizás hayas cerrado la puerta de mi casa.

jueves, 8 de mayo de 2008

Prólogo alegórico


Tus furtivos pies me cuidan en secreto
y se alían contra mi,
devolviéndome a los lugares donde no estoy,
o no existo.

Arropado por la solemnidad
del errático desvelo,
por los acordes de tu risa quiescente,
desgrano la apresurada víspera
tejiendo delicados hilos de paciencia.

He temido que regreses
tantas y tantas veces...

martes, 6 de mayo de 2008

El oro azul


Durante siglos no has podido elevar la mirada. Te has arrastrado, casi reptando en esta tierra árida, envuelta en el odio del pasado, cuya arena se ha empapado con la sangre indeleble de tus propios hermanos.

Ancianos y niños te han reclamado el agua que no tienes. Conmovida, has resuelto llegar a la frontera misma del pozo de Jacob, linde de encarnizadas luchas. El rencor nunca olvida.

Te has cubierto y velado el rostro. Has apoyado sobre tu cabeza un cántaro, otro en la cadera y enrollado una soga a uno de tus codos. Desde Siquem, mil veces devastada, has emprendido camino.

Sabes que la carne protestará bajo el azote de un viento que abrasará de arena hasta tus labios. Pero debes dar gracias. Eres casi invisible. Eres una pobre mujer de la tierra del monte Garizim, a quien ni alcanza el escarnio. Confía en tu impureza, pues ella será tu verdadero escudo.

No has apartado la vista de los cantos rodados del borde del camino. El sol te ha abrasado y el viento te ha hecho apretar los párpados cansados.

Tras dos días en camino, por fin divisas el brocal.

lunes, 5 de mayo de 2008

Ingravidez


Las curvas de tu espalda también piden
que se posen mis manos sobre ellas.
Cálidas líneas por amor pintadas,
por amor expuestas,
sutilmente azogadas por la luna.

Un sendero bien hollado


Cada una de mis lágrimas
tienen un nombre y las quiero,
como nacidas del mismo reflejo
de esta alma que no tengo.

Acuarela sobre papel


Me esperarás sentada en el embarcadero. Serán las doce de una mañana espléndida y las tímidas crestas de la marea creciente reflejarán un sol que herirá tus pupilas. El agua lamerá, cadenciosa, las piedras asentadas a la orilla del caño, brotando clara y nítida. Las tablas crujirán a cada uno de mis pasos, y me apresuraré. Veré cómo sonríes y cómo, impertinente, ladeas la cabeza. Me detendré agitado y cerraré los ojos, queriendo compilar el extracto absoluto de aquel mismo momento. Luego, continuaré y me quedaré quieto a escasamente unos pasos de ti. Allí te miraré como a una aparición que hubiera transgredido las leyes de este mundo, y no te creeré. Pensaré que eres sólo un producto perfecto de mi imaginación y que eres la auténtica autora de mis escritos.