miércoles, 28 de mayo de 2008

Le Pont Neuf


Cuando abres la ventana de los mil paisajes, no sólo estás tú. Y aunque abordando, y asaltando, y manifestándome con una implacable fuerza gravitatoria que atrapa todo, también palpito yo, adherido a palabras que escapan y recorren distancias en tan sólo un instante, que furtivamente han sido mías, que se desprenden para que sean del mundo, para que sean de ti. Palpito entre las brumas, en la arena mojada, en los embarcaderos que han sido soñados, en la aplastante belleza de aquellas esculturas que, humanas, desafían con miradas atroces. Palpito y te hago mía, de la única manera que he querido siempre que alguien descubriera. Cuando abres la ventana de los mil paisajes, ya he lanzado el hechizo y he recitado la oración secreta, por nadie pronunciada, nunca jamás antes escrita, y que sólo yo conozco.

martes, 27 de mayo de 2008

Éter


Ten cuidado con los besos que no te he dado. Saben más de lo que tú quisieras. Conocen el camino, se abalanzan, feroces y a destiempo, emboscados entre las humeantes dunas de ese valle que recorro con mi lava. Avanzando lento, lanzando abrasadoras bocanadas de gases letales y lluvia en ascuas encendida, tus labios no tienen miedo de quemarse, y por más inútil que sea su cometido, siguen depositándose sobre el espeso magma, que será roca un día, roca dura, sin memoria, que olvidará que fue perseguida por alados besos que no tuvieron amo, o cuyo amo no supo que existían. Destino fútil, inocuo, como la esencia básica de la belleza pura, aislada y atrapada. Destino postrero, mis ardientes besos serán el invisible ingrediente en la ígnea mezcla y entre olivinas dormirán eternamente estáticos. No serán sólo roca.

lunes, 26 de mayo de 2008

Just Think Twice


Si he llegado hasta aquí, y he lanzado al mar todas la botellas con los mensajes de un pasado que ya no me encadena, que no puede contra mí querella alguna, que me deja vivir y ha aflojado su férrea mandíbula, dejando escapar el bocado sabroso de mis ojos de espejo, cautivadores, coronados de esa ternura temprana, risueña y transparente... Si he llegado hasta aquí, sabré qué hacer ahora, de éso estoy seguro.

Se ha adormecido el dolor ahogado que atenazaba girasoles y algodones y se ha quedado el otro, aquel dolor que quiero que se quede, aquí, en el fondo de mi vida, arrinconado, fraguando gotas de magia y de misterio. Mi dolor transformado que se traga las lágrimas, no gime ni me aprieta el espíritu. Por el contrario, hoy me da la vida, es mi fuerza creadora, mi alentadora confianza en un mañana que no es menos hermoso por incierto. Mi dolor transformado se ha quedado conmigo, me aletea al oído o me atrapa a las musas, me da frutos contínuos y me lleva de la mano a los agrestes páramos en dónde la pasión campa sin ley ni dueño.

sábado, 24 de mayo de 2008

Iluminando sombras


Llévame hasta el lugar dónde me descubras las siete verdades, donde debatas conmigo, sentada y sin escrúpulos, qué hago aquí y por qué vine. Y, si es verdad que estoy, me enseñes a ser más veraz que nunca, sin rebozo, evidente. O, al menos, me aciertes a qué he sido convocado.

Sólo sé que tu mirada, esa que sostienes con magnetismo de esfinge, la que me devuelves con el demoledor arrojo de una rapaz hambrienta, la que me acaricia y con la que me buscas, entre millones de ojos, me hace elevarme sobre mi propio cieno. Pujo por gozar de la atención de tus ojos sagaces, que miran desde el pozo de la oscuridad, desde la conmiseración, y desde las secuelas de una amanecer roto y desteñido.

Tu mirada, ésa que quiero, sola y única, no retrocede ni se desdice, se enfrenta a confabulaciones, no se engría, pero, orgullosa, me reconduce y lanza redes infinitas, capurándome. Tus ojos, ésos que me persiguen, devoradores, tenues, prevenidos, que barruntan tempestades, que adormecen a cualquier fiera salvaje, son la delirante certeza de que existo.

viernes, 23 de mayo de 2008

La plaza de los héroes


Esta mañana me has imaginado paseando por plazas con estatuas de bronce que conmemoran hazañas y victorias, absorto y detenido entre fachadas de piedras milenarias, atravesando puentes inundados de azul o escuchando leyendas de los reyes magiares. Me has visto embebido del aroma del incienso de una iglesia que fue mezquita un día, o viendo, desde lejos, la espléndida visión de un Danubio inundado de dorados destellos, tragado por un noche oscura, interminable. Y no me envidias por visitar lejanas ciudades, las envidias a ellas porque yo las recorro.

jueves, 15 de mayo de 2008

The Straight Dope


Me llama ese boscaje en el que te has convertido, tupido y refrescante. En él puedo perderme, ser el que siempre he sido, gritarte, exasperarme, jadear como animal salvaje, oler tu rastro en celo o inundarme de tu brisa. Me fascina esa cúpula, concupiscente y núbil, que ha nacido debajo del enramado de tus enhiestos árboles. Allí se aplacan mis ansias, me contienes y me mulles un lecho de hojarasca, paciente, tan paciente como sólo tú sabes serlo. Y ahogas mis enojos, levantas mi barbilla y, con ojos burlones, me guiñas en silencio. Y me haces detenerme y mirar hacia arriba, hacia aquellos resquicios por donde, entre las hojas, penetran como lanzas los rayos amarillos.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Nueva dimensión


Ahora que no estás, entraré subrepticiamente en tu estancia vacía, ese santuario inaccesible en el que cada noche te abandonas al desvelo. Y abriré ese cajón dónde un día guardaste las fotos preferidas.

Besaré tu blusa, la que cuelga arrebujada de la silla. Y buscaré esa otra, la que tanto me gusta, entre todas las prendas colgadas del armario. Y las acariciaré, como si fueran tú. Ellas guardan silencio y se dejan hacer y absorben mi imprudencia y el reclamo febril que dibujan, ansiosas, las yemas de mis dedos.

También me detendré en la contemplación del libro que ha quedado sobre la mesa, como si acabaras de cerrarlo ahora mismo, como si conservara aún tu calor. Quizá lo abra y mire la página leída y también la acaricie.

Ahora que no estás, podré pasear sin prisas entre tus esponjillas y pinceles, el cesto de la ropa o todas las toallas que, dobladas, esperan. Podré, con cierta malicia, recrearme en tus zapatos. Y aspirar extasiado el aroma que de tu lencería dimana.

Entregaré al placer cada sentido mío. Recorreré perversamente todos tus rincones y seré la más curiosa visita que jamás hayas tenido. Seré un ladrón, tu ladrón, porque me llevaré lo que realmente quiero y sin pedir permiso. Y cuando regreses, tortúrate, adivina las cosas que te he tocado, en dónde están mis huellas y en qué más he pecado.